lunes, 5 de noviembre de 2007

¿QUÉ ES PREJUICIO?

El prejuicio constituye una característica humana de larga data, al igual que otros fenómenos como la violencia y la exclusión. Las personas no escapamos a esta característica; sin embargo, sí existen diferencias individuales y grupales al respecto. A lo largo de la historia ha habido grandes variaciones en la manera de expresar el prejuicio, a medida que la sociedad se ha vuelto más consciente de los derechos fundamentales de las personas y de la forma de respetarlos. El silencio ya no es una respuesta de la sociedad ante el prejuicio y la discriminación, lo cual tiene una contraparte positiva y otra negativa, como el prejuicio encubierto. El prejuicio constituye una actitud, es decir, una predisposición personal a responder de cierta manera frente a un estímulo. Se considera que el prejuicio es una actitud, en tanto condiciona la respuesta personal hacia el medio, de acuerdo a un precepto anterior. Una característica importante es que la persona tiene una posición personal sobre una situación sin conocerla en profundidad, de allí su significado etimológico (PRE – JUICIO: juzgar sin conocimiento previo) Lamentablemente, no todos ven la diversidad como algo positivo. Junto con la diversidad, puede surgir el prejuicio. Las personas expresan sus prejuicios cuando se forman una opinión negativa sin conocer todos los hechos. (¡Eso no es justo!) Estas opiniones pueden estar basadas en la raza, la religión o el origen étnico de otra persona. Pueden estar basadas en el sexo de una persona (si una persona es hombre o mujer), la edad, una discapacidad, o incluso el nivel de ingresos o el de educación. Entonces, el prejuicio se puede convertir en odio o trato injusto hacia una persona que pertenece a un grupo en particular. El prejuicio ciega la razón y se cierra ante argumentos convincentes. El prejuicio lleva a juicios temerarios y a la calumnia. Con frecuencia justifica y fomenta el rechazo o el odio. Es contrario a la caridad, a la verdad y a la justicia. Por el pecado, el hombre busca sentirse superior a su prójimo y con facilidad cae en prejuicios. Los grupos minoritarios históricamente han sido con frecuencia víctimas del prejuicio de los grupos dominantes. Todo cristiano debe luchar contra el prejuicio reconociendo que también nosotros somos vulnerables a caer en el pecado de prejuicio. Imitemos a Jesucristo, que se entregó por la salvación de todos, aun cuando éramos sus enemigos.